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Mil anuncios putas sexo feminista

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Trabajo sexual y feminismo, una filiación borrada: En esta introducción a la traducción del texto de Carol Leigh, reponemos brevemente el contexto de los debates feministas presentes en el surgimiento de la idea de trabajo sexual.

In this introduction to our translation of "Inventing sex", we briefly describe the context of feminist debates in the emergence of the idea of sex work.

We also offer a key to understanding the current relevance of this translation in the context of a strong polarization of the feminist debates on prostitution and the trans-nationalization of the campaign against human trafficking. No es una novedad que la prostitución ha suscitado y suscita intensos debates al interior del movimiento feminista.

Desde algunos feminismos abolicionistas el discurso del "trabajo sexual" ha sido atribuido al "lobby de la prostitución" y a la "industria sexual" -entendida como un conglomerado mafioso. Aquí la denominación "trabajo sexual" es vista como un mero eufemismo que sólo responde a los intereses de los proxenetas. Esta operación discursiva produce un borramiento de los procesos de emergencia de la categoría "trabajo sexual" y su estrecha ligazón con las luchas de las mujeres.

El texto aquí traducido aporta a la elaboración de una genealogía que permita comprender la raigambre epistemológica -y por ende política- de esta categoría. En el relato de Carol Leigh aparecen las tensiones surgidas en el feminismo a mediados de los 70'. La autora muestra las profundas discusiones sobre las sexualidades femeninas y la pornografía, entre otras que atravesaban y atraviesan a este movimiento.

La idea de "trabajo sexual" emerge entre distintos levantamientos y surgimientos de organizaciones de prostitutas. En los ochenta también aparecen movimientos de prostitutas en América Latina: En aquel momento de efervescencia hay varios significantes -como puta o prostituta- que también son reivindicados por estas mujeres.

La denominación "trabajadora sexual" aparece como una de las formas de luchar contra la estigmatización y, al mismo tiempo, tender puentes entre mujeres trabajando en distintos sectores del mercado sexual prostitutas, actrices porno, bailarinas eróticas, etc.

En el presente contexto de polarización del debate en torno a la prostitución, recuperar este texto y hacerlo accesible a los hispanoparlantes busca contribuir a un desplazamiento de las posiciones absolutas, y retomar la polifonía propia de un movimiento que hace de la crítica una herramienta fundamental.

Yo inventé el trabajo sexual. No la actividad, por supuesto, sino el término. Esta invención fue motivada por mi deseo de conciliar mis metas feministas con la realidad de mi vida y la vida de las mujeres que conocí. Quería crear una atmósfera de respeto, dentro y fuera del movimiento de mujeres, hacia las mujeres que trabajan en la industria del sexo. Como hija de unos desencantados padres ex-socialistas, me crié entre relatos desalentadores sobre el fracaso de las luchas políticas.

El cinismo de mis padres me planteó un desafío: Yo me convertiría en una rebelde optimista, una artista, una poeta, y encarnaría los ideales de paz y amor. Mis padres me dijeron que me pusiera un corpiño Me desarrollé políticamente junto a muchas de las feministas de la "tercer ola". En los años setenta, me di cuenta que los políticos que yo admiraba eran hipócritas, hablaban de toma de consciencia y de justicia pero me trataban "como una niña". Eran cerdos machos chauvinistas'.

El feminismo fue una revelación para mí. Al parecer mi madre, sus amigas, mis abuelas y mis tías habían aceptado su estatus como ciudadanas de segunda clase. Pero este era un nuevo mundo moderno lleno de utopías para el cambio social. Ellas me ayudaron a entender como mi propio poder estaba coartado por la "opresión internalizada".

La misoginia tenía ecos en mi religión. Si antes era tímida y titubeante, me volví orgullosa de mí misma, y ese orgullo fue mi fuente de inspiración y poder. El feminismo no fracasaría a causa de las mismas debilidades que destruyeron el sueño socialista de mis padres. Recordé los relatos de sus camaradas que defendían a Stalin y las internas políticas autodestructivas de la izquierda sectaria, los troskistas contra los leninistas contra los marxistas.

Si las mujeres pudieran participar plenamente en el mundo, podríamos ver el fin de la pobreza y la guerra. Tal vez el patriarcado era la raíz de la jerarquía y la opresión.

Tal vez el feminismo podría guiarnos en el camino de la igualdad y la paz. A través de mi activismo pacifista desarrollé lo que yo consideraba una política "femenina" basada en la compasión. Artística y filosófica, orientada a lo esencial, comenzaba la traición a mi género a través del lenguaje. El masculinismo del lenguaje dejaba a las mujeres en el anonimato. En Language and Women's Place, RobinLakoff explicaba como las revisiones lingüísticas podían ser usadas por las feministas como una herramienta.

Como poeta y artesana de la palabra, estaba intrigada por el potencial del activismo lingüístico para sacar a las mujeres del anonimato y escribir orgullosamente nuestra nueva historia. Yo tenía un sentimiento profundo de ser al mismo tiempo testigo y participante del comienzo de la reinvención de la femineidad. Sin embargo, desde un inicio me enfrenté a las contradicciones.

La "nueva mujer" podría ser marimacho e intelectual. Podría abarcar la realidad de todas las mujeres, excepto que no debería ser tradicionalmente femenina. Aunque comencé a desdeñar la femineidad me preguntaba: Me di cuenta que las mujeres tal vez no eran tan "buenas" después de todo.

Traté de ocultar mis preferencias sexuales, corté mi pelo y dejé de escribir poemas a Sara Teasdale. En los años setenta, estudié escritura creativa en la Universidad de Boston. Las relaciones al interior de nuestro grupo de mujeres escritoras fueron el telón de fondo para muchas de mis creencias sobre lo que ahora es conocido como trabajo sexual.

Aquí conocí a mi primera mentora feminista, Marcia Womongold, quien escribió Pornography: Marcia me hizo conocer el trabajo de Merlin Stone sobre la mitología de las diosas, Ancient Mirrors of Womenhood.

Yo admiraba la posición aguerrida de Marcia y su crítica desvergonzada y celosa del privilegio masculino. Aunque aprecié cómo mi mentora me marcó con su feminismo, Hinda Paquette, una stripper-poeta de nuestro grupo de escritura, se quejaba que de la posición anti-porno de Marcia era sentenciosa y condescendiente.

Yo estaba interesada en esta dicotomía, y en su cuasi tórrido romance. Discutí mis preguntas sobre feminismo y la industria del sexo con mis amigas, pero la mayoría tenía poco para decir.

Finalmente, Celeste Newbrough, una admirada vieja feminista, poeta y activista lesbiana, me confió que ella hacía "salidas" cuando necesitaba dinero. Yo estaba shockeada e intrigada. A mediados de los años setenta, hice el tour de Women Against Pornography en los negocios porno de Boston.

Su perspectiva me recordó las veces que yo había sido llamada una "zorra" y la vergüenza que sentí por ser femenina. Me sentí protectora de mis hermanas desnudas -ahora lo llamamos "empatía hacia las putas". Me di cuenta de que las perspectivas feministas de las activistas anti-porno no coincidían con mis creencias. Ser castigada como una zorra fue parte de la manera en que fui oprimida por el patriarcado que condenaba mis inclinaciones sexuales. La ideología anti-porno evocaba esa condena.

De todas formas, no quería tomar partido. Las mujeres en las revistas porno me hacían sentir a la vez expuesta y envidiosa. Para ya había tenido demasiado de la atmósfera mezquina y represiva de Boston. Mi remera decía "New England es para los masoquistas". Quería estímulos, aventura e inspiración para mi poesía. Me mudé a San Francisco y de repente me encontré bastante sola. Mi amante, quien se había mudado conmigo desde Boston, rompió conmigo. Comencé a trabajar como moza pero no ganaba lo suficiente para pagar las cuentas que había acumulado al mudarme.

Mi jefe empezó a estar encima mío. Sin amigos ni dinero, me sentí desesperada. Nosotras hemos superado el proceso de debilitamiento de AMMAR; organización que tiene 22 años y que no fue fundada por nosotras, sino otras compañeras que merecen el reconocimiento, porque intentar borrar esa historia, es borrar de dónde venimos nosotras. Somos las hijas de esas putas que en los años de mayor represión los años 90 decidieron organizarse.

La mitad de la población estaba desocupada, en situación de pobreza y comenzaron a confluir nuevos movimientos sociales como el piquetero, ese fue el momento propicio para que las trabajadoras sexuales se organizaran. Lo que sucede en Argentina es parecido a lo que sucede aquí, tenemos muchas coincidencias con ustedes.

Esto, es consecuencia de las políticas anti-trata llevadas a cabo por el estado argentino. Quien impulsó esta agenda punitiva fue el movimiento feminista abolicionista que, al institucionalizarse, comenzó a ser política de estado, un abolicionismo encubierto mediante un modelo prohibicionista. A partir del comenzó a prohibirse la prostitución en los cabarets, wiskeria, casa de citas, los anuncios en diario …. El abolicionismo logró un mayor aislamiento social a las trabajadoras sexuales, generando peores condiciones laborales y clandestinidad.

Esto nos llevó a perder autonomía y poder de decisión. Creemos que las abolicionistas, cuando pensaron estas leyes, festejaron. Pero no pensaron que al silenciarnos con el estigma, por la doble vida, discriminación, nosotras nos íbamos a organizar, ya que fue justamente todo esto lo que aceleró un proceso de organización de las trabajadoras sexuales que trabajaban en otras modalidades. En nuestra organización fue difícil que las otras compañeras nos abrieran los pisos, tenemos desconfianza, porque todas han vivido de las trabajadoras sexuales, sobre todo el estado.

Las multas son una política pensada para la mujeres, para combatir la trata, pero la que se endeuda es la puta. Pero qué protección otorga el estado? Se nos ha dicho que nuestro trabajo la prostitución es funcional al patriarcado y la verdad es que hacer toallones, cartera, bijouteria, cuidar niños enfermos como otras políticas que se han pensado, también lo son porque siguen reproduciendo el lugar que las mujeres, supuestamente, vinimos a ocupar en la sociedad.

Nosotras sabemos lo que sucede en otros mercados laborales y, cuando comparamos nuestro trabajo con otros, lo hacemos porque participamos en una central sindical. Lo primero que aprendimos las putas fue tener conciencia de clase. Saber que somos parte de una clase trabajadora y no sentir vergüenza. El problema no es el trabajo sexual, es el sistema capitalista. Pero lo primero que nos dijeron fue que ese no es un trabajo: Entonces comenzaron a cuestionar al sujeto político en vez de preguntar.

Nuestra experiencia en esos encuentros fue de exclusión, nos decían que éramos funcionales al patriarcado; pero nosotras ni sabíamos que era el patriarcado, nos decían: La pasamos tan mal que decidimos dejar esos espacios donde se nos cuestionaba todo, hasta la maternidad; nos preguntaran: Nos dimos cuenta que no todo el feminismo era abolicionista.

Entre todas tenemos que buscar lo que nos une, seas putas rica o pobre, todas tenemos el estigma social. Porque parece que tuviéramos el síndrome de la incapacidad de decidir sobre nuestros cuerpos. En AMMAR armamos una organización que representa la diversidad del trabajo, del lugar donde trabajas, aunque nosotras no estemos de acuerdo, lo respetamos. Así intentamos articular mejor con las que trabajan en departamentos privados, redes sociales, wiskerias.

Esa es la finalidad, que representa la diversidad, y avanzar a la gran batalla cultural. Nosotras entregamos folletos, apoyamos a compañeras o incluso vamos a la televisión, aunque luego nos tengamos que levantar e irnos.

Una tiene que construir con todas. Una cosa que nos une es la maternidad, no importa donde ejerzas la prostitución, el estigma nos atraviesa a todas, el miedo a que nuestrxs hijxs nos rechacen o sufran discriminación en la escuela, con sus amigxs. No entendemos por qué las abolicionistas sacan a relucir a nuestrxs hijxs como sujetos políticos.

Piensen en sus hijxs. Como movimiento tenemos que abocarnos a fortalecer el movimiento de las trabajadoras sexuales, organizar a las compañeras, darle estrategias de formación y organización para que en todo lugar haya una compañera que defienda sus derechos, que se escuche esa voz.

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Porque ese feminismo excluyó a las estudiantes prostitutas prostitución, a las tortas y a muchxs otrxs. Pocos grupos sociales sufren una discriminación tan absoluta como las prostitutas. En cambio, nosotras decimos que hay un montón de situaciones en que la mujer le pone un precio a sus relaciones. Todas las acciones que hacemos son colectivas. De esto se puede escribir un libro, pero decir que hay quienes alquilan mujeres para follar y le limpien la casa por 20 euros la semana.

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Son todas igual de humillantes? Vadias no estacionamento compillation. Y que la puja de la organización sindical también recuperar esos espacios que ganó la mirada prohibicionista. Las meretrices les propusieron que buscase un espacio donde poder ejercer sin molestar ni ser molestadas.

Sin embargo, es en el Polígono del Gato, junto al antiguo casco histórico de Villaverde y el barrio de San Andrés, donde se concentran casi todas las prostitutas. En esta zona el paisaje cambia y se observa un fuerte trasiego de vehículos, de los que continuamente entran y salen las mujeres.

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Aunque comencé a desdeñar la femineidad me preguntaba: Me di cuenta que las mujeres tal vez no eran tan "buenas" después de todo. Traté de ocultar mis preferencias sexuales, corté mi pelo y dejé de escribir poemas a Sara Teasdale. En los años setenta, estudié escritura creativa en la Universidad de Boston.

Las relaciones al interior de nuestro grupo de mujeres escritoras fueron el telón de fondo para muchas de mis creencias sobre lo que ahora es conocido como trabajo sexual.

Aquí conocí a mi primera mentora feminista, Marcia Womongold, quien escribió Pornography: Marcia me hizo conocer el trabajo de Merlin Stone sobre la mitología de las diosas, Ancient Mirrors of Womenhood. Yo admiraba la posición aguerrida de Marcia y su crítica desvergonzada y celosa del privilegio masculino. Aunque aprecié cómo mi mentora me marcó con su feminismo, Hinda Paquette, una stripper-poeta de nuestro grupo de escritura, se quejaba que de la posición anti-porno de Marcia era sentenciosa y condescendiente.

Yo estaba interesada en esta dicotomía, y en su cuasi tórrido romance. Discutí mis preguntas sobre feminismo y la industria del sexo con mis amigas, pero la mayoría tenía poco para decir. Finalmente, Celeste Newbrough, una admirada vieja feminista, poeta y activista lesbiana, me confió que ella hacía "salidas" cuando necesitaba dinero. Yo estaba shockeada e intrigada. A mediados de los años setenta, hice el tour de Women Against Pornography en los negocios porno de Boston.

Su perspectiva me recordó las veces que yo había sido llamada una "zorra" y la vergüenza que sentí por ser femenina. Me sentí protectora de mis hermanas desnudas -ahora lo llamamos "empatía hacia las putas". Me di cuenta de que las perspectivas feministas de las activistas anti-porno no coincidían con mis creencias.

Ser castigada como una zorra fue parte de la manera en que fui oprimida por el patriarcado que condenaba mis inclinaciones sexuales. La ideología anti-porno evocaba esa condena.

De todas formas, no quería tomar partido. Las mujeres en las revistas porno me hacían sentir a la vez expuesta y envidiosa. Para ya había tenido demasiado de la atmósfera mezquina y represiva de Boston. Mi remera decía "New England es para los masoquistas". Quería estímulos, aventura e inspiración para mi poesía. Me mudé a San Francisco y de repente me encontré bastante sola. Mi amante, quien se había mudado conmigo desde Boston, rompió conmigo. Comencé a trabajar como moza pero no ganaba lo suficiente para pagar las cuentas que había acumulado al mudarme.

Mi jefe empezó a estar encima mío. Sin amigos ni dinero, me sentí desesperada. También había tenido fantasías de ser una prostituta pero nunca lo había considerado seriamente. Marcia Womongold lo habría desaprobado, pero ella estaba a tres mil millas.

Después de todo Gloria Steinem había trabajado como conejita de Playboy y había escrito sobre ello. Ernest Hemingway había ido a la guerra y había escrito sobre ello. Ti-Grace Atkinson en Amazon Odysey, había retratado a las prostitutas como luchadoras callejeras en las líneas de fuego de la batalla de los sexos. Tal vez yo podía trabajar como prostituta. Al menos podía intentarlo Tomé un trabajo en un salón de masajes.

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