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El sexo por placer, el sexo social, estaba reglado y permitido , incluso difundido y aceptado como una necesidad en el seno de la comunidad. La edad media en la que un hombre debía iniciarse en el sexo era a los 17 años, y si no disponía de una esclava a su alcance se iba a un prostíbulo. La mayoría de los datos proceden de la época imperial, momento donde Augusto impulsó un nuevo cambio de moralidad ante la falta de interés por el matrimonio de los jóvenes romanos.

Por otro lado, como bien nos señala Plauto, la prostitución era entendida como un bien para apagar la fogosidad de la juventud, por eso estaba mal visto que los viejos recurriesen a este tipo de servicios. Como cada estación, cada edad tiene sus ocupaciones. Como decíamos la prostitución era vista como necesaria para la sociedad , ya que permitía a los jóvenes desfogarse, evitando que molestasen a las mujeres casadas y de vida íntegra.

Incluso autores como Catón el Viejo o San Agustín vieron en la prostitución como necesaria para el bienestar de la sociedad. Así Catón el Viejo decía: La prostitución estaba tan enraizada que formaba parte del listado de oficios que se registraban ante los ediles, por lo que a mediados del siglo I d. La legislación romana se centró en defender la integridad de la mujer libre , a ella se prohíbe ejercer la prostitución, reservada a esclavas y libertas. En el caso de que una mujer libre de familia de orden ecuestre o patricia practicase esa actividad, perdería gran parte de sus derechos como ciudadana libre.

También debía cambiar su peinado de trenzas recogido en un moño, por peinados propios de plebeyas y libertas, es decir, cabellos cortos y sin cintas, o largos y sueltos o anudados al cuello. Otras prohibiciones en tiempo de Domiciano fueron la prohibición del uso de literas y el derecho de recibir herencias y legados. Es decir, a lo largo del tiempo van surgiendo numerosos textos legales que van limitando los derechos sociales y políticos de las prostitutas.

Aunque dentro de los prostíbulos, las meretrices podían llevar todo tipo de vestidos lujosos que indicasen su refinamiento y su posible precio. Las prostitutas se dejaban una banda pectoral strophion , normalmente de color rojo o verde, incluso cuando se desnudaban completamente, para mantener los pechos turgentes y elevados. En cuanto a su cabello, solían tenerlo teñido de rubio o llevaban exageradas pelucas.

También se distinguían por su abundante maquillaje, afeites y coloretes, ojos agrandados con carboncillo, pezones de purpurina dorada y la superficie genital pintada de rojo bermellón, muchas de ellas depiladas. Para el mal aliento solían masticar pastillas de mirto y lentisco. Un ejemplo del excesivo maquillaje y postizos que podían llevar una prostituta nos lo ofrece Marcial IX, Me prometes, a pesar de todo, mil maravillas.

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Google y Netflix como nombres de personas. Corrientes en chorro experimentan atascos. Este segundo tipo de vida se adoptaba a menudo de forma involuntaria y resultaba peligrosa y denigrante. Sin embargo, tanto las condiciones de la esclavitud como la pobreza exigían algo productivo de las mujeres jóvenes. Su capacidad de ofrecer servicios sexuales cuadraba con las necesidades de los hombres, en una cultura que guardaba celosamente la castidad de las mujeres casadas.

Esta situación creaba la posibilidad de un negocio rentable que muchos dueños de esclavas, e incluso mujeres libres y sus propias familias, no podían pasar por alto. No hay que idealizar la vida de las prostitutas. Los esclavos en particular eran seres indefensos y sufrían explotación sexual. Se veían afectados tanto adultos como niños, hombres y mujeres. Las mujeres libres que se prostituían seguramente se encontraban en situación desesperada, e incluso presionadas por sus familiares para que obtuvieran algunos ingresos.

Era una vida dura. Pero las leyes no castigaban a las prostitutas, que no podían ser procesadas por su profesión.

También sufrían la carga de la infamia por edicto pretorio: Sin embargo, es probable que a menudo se desobedecieran o ignoraran estas restricciones y, en cualquier caso, el estigma desaparecía cuando se casaban. Por tanto, el sistema legal romano dejaba en paz a las meretrices. Hasta donde se sabe, a las autoridades tampoco les importaban los aspectos morales; a fin de cuentas, tener relaciones con una prostituta no quebrantaba ninguna ley, ni siquiera las constricciones morales en lo que concernía a los hombres, ya que no constituía adulterio.

Sin embargo, las autoridades cayeron en la cuenta de que estos servicios podían ser gravados. Ya a mediados del siglo I d. Este impuesto, como nos dice Suetonio , alcanzaba el montante de un servicio sexual , y no podía evadirse con el pretexto de haber abandonado la profesión. A pesar de que no existen detalles sobre cómo podrían mantenerse las cuentas de un producto tan móvil como el sexo , los romanos lo consiguieron. Es posible que las prostitutas que trabajaban de forma independiente presentaran un reto para los agentes fiscales.

Había burdeles repartidos sin orden por ciudades y pueblos. En cuanto a las consideraciones sanitarias, los círculos oficiales no se preocupaban en absoluto. Los ingresos podían ser considerables, y a las candidatas las engatusaban con las promesas de vestidos y otros incentivos. Estas mujeres no tenían ninguna otra habilidad ni productos que pudieran reportarles tanto dinero, como sin duda no lo hacía el trabajo de costurera o de nodriza, las otras principales ocupaciones remuneradas de las mujeres.

Por tanto, no había escasez de prostitutas. Algunas escapaban de sus casas y se dedicaban a esta profesión. Otras crecían en régimen de esclavitud, y muchas eran esclavizadas para este fin.

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También había habitaciones en las plantas superiores, e incluso una entrada aparte desde la calle para los clientes que venían a los baños sólo a mantener relaciones sexuales. Un grafiti en la pared exterior dice lo siguiente: De ser necesario, se recurría a las tumbas situadas a las afueras de la ciudad.

Al igual que en las termas, las actividades en estos escenarios —las actuaciones a menudo lascivas en los teatros, y en las arenas la excitación y la sed de sangre de la lucha entre gladiadores— provocaban un apetito sexual que aprovechaban las prostitutas de la zona.

El teatro estaba relacionado con la prostitución tanto directa como indirectamente. Los alrededores estaban repletos de gente antes y después de las funciones, lo que proporcionaba oportunidades de trabajo a las prostitutas. Se trataba de los mimos, un tipo de representación muy popular. En las paredes de la Taberna de la calle de Mercurio, en Pompeya, había pintada una serie de escenas sumamente eróticas de mimos. No es de sorprender que los mimos no sólo estimularan la demanda de prostitutas, sino que, a modo de pluriempleo, las actrices se dedicaran también a la profesión.

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Los precios de las prostitutas por un mismo acto sexual, o por solicitudes específicas, podían variar ampliamente. El precio acostumbrado era de alrededor de dos ases, un cuarto de denario, correspondiente al pago de media jornada de un trabajador.

Unos dos o tres ases diarios bastaban para apañarse durante buena parte de la época del Imperio romano.

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