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La profesión más antigua del mundo

Prostitutas argentina prostitutas adolescentes

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Nos hacen putas, nos convierten en putas". Para poder sobrevivir a todo lo que pasé, mi mente ha llevado a cabo un proceso de adormecimiento. Hay cosas que recién empiezo a recordar. No sé cómo escapé del prostíbulo de Argentina dónde me prostituían, de verdad que no lo sé. Supongo que me atreví a decir "no".

Hasta que un día un prostituidor me dio una terrible paliza. El conserje de un hotel me ayudó, llamó a la policía. Y no se lo va a creer: Porque a quién le importa una puta. Pero las mujeres que ejercen la prostitución necesitan contarse esa mentira.

Necesitan decirse que son ellas las que eligen, las que ponen el precio, las que son libres de entrar o salir cuando les apetece…. Y se lo dicen para no sentir dolor, para negar la tortura de la que son víctimas. Yo también me sostenía diciéndome a mí misma que era una trabajadora sexual. Y me di cuenta de que yo no vendía nada, porque nada era mío. Aun después de muerta te siguen explotando.

Lo primero que hace es romper tu identidad y convertirte en un objeto de uso y abuso. Empezando por tu cuerpo. Un cuerpo es un todo, pero sin embargo una puta sólo tiene boca, vagina y ano. Una puta no tiene clientes, porque no es un banco ni una tienda. Los que van de putas son "prostituidores". Nuestros maridos, nuestros hermanos, nuestros jueces, nuestros políticos, nuestros sacerdotes… Todo tipo de hombres. Cuando eres puta, tu cuerpo no te pertenece, ni siquiera después de muerta".

Sí, tengo un hijo de 21 años que nació años después de que dejara la prostitución. Cuando era puta lo que tuve fue cinco abortos. Pero trabajo para que esa rabia sea combustible para seguir peleando y pensando en la sociedad. Mishell no se percibe como víctima de explotación sexual. Se enorgullece de poder mantener a su familia sola. Entonces voy viendo cómo me la rebusco porque tengo dos hijas y no me gustaría que a ellas les pase lo mismo como lo que me pasó a mí.

En Guatemala se registran 22 violaciones diarias denunciadas. Hay que poner atención a la influencia del contexto para que una mujer o adolescente tomara la decisión de trabajar bajo estas condiciones. Su situación social y económica, la falta de presencia del Estado y de acceso a servicios, son factores que las empujan. Crecer en un lugar de escasos recursos, ser víctima de violencia física intrafamiliar, ser víctima de abuso sexual y un embarazo forzado son características que construyen un contexto de vulnerabilidad en donde niñas y niños crecen sin oportunidades y con un proyecto de vida limitado.

El trauma en este caso es doble, porque no solo es víctima de violencia sexual de un familiar, sino también de un embarazo forzado, explica Geraldina Barreno, psicóloga de la organización Mujeres Transformando el Mundo.

La vulnerabilidad es clave. En la víctima genera consentimiento por necesidad. Para el tratante el proxeneta genera la oportunidad de explotación. En esto consiste el delito. Aparte del delito de facilitación de prostitución, el abuso de una situación de vulnerabilidad con fines de explotación sexual anula cualquier consentimiento aunque la persona sea mayor de edad.

Óscar, mi jefe, sí sabía, pero no me dijo nada. El cliente me pidió sexo anal, y le dije que no. Como pude, me defendí. Todavía me dijo que así le gustaban las mujeres, pegonas. A la par de la cama, hay un botoncito por cualquier emergencia. Eso no lo saben los clientes. Logré apachar el botón, pero ya me había dejado el ojo morado. Es grande, tiene unos sus 50 años, moreno. Con un hombre así, siente uno que se va a morir.

Es raro porque se viste bien. Y pensé, por lo menos éste no me va a tratar mal. Pero sí es bien grueso. Dicen que trabaja en un banco, aunque yo no creo. Sólo en una noche puede gastar hasta Q5, Un día se juntaron todas las mujeres en la casa cerrada para pedirle a Óscar, el proxeneta, ya no dejara entrar a este cliente.

Todas le tenían miedo. Les respondió que si ellas iban a pagar lo que él consumía, ya no lo dejarían entrar. Un año después encontraron el cuerpo de la mejor amiga de Mishelle sin vida entre sangre y colmillos de cocaína. Era la amiga que la había ayudado cuando quedó embarazada y que le presentó la casa cerrada. Estaba en uno de los cuartos privados de la casa cerrada. Otro cliente la había matado. Este cliente frecuenta la casa cerrada todavía. Mishell trabaja 75 horas a la semana.

Entre lunes y miércoles, de 3 de la tarde a 2 de la mañana. Gana de sueldo base un tercio del salario mínimo.

Su proxeneta explotador sí gana bien. Las tarifas son Q para que Mishell baile en el escenario tres canciones que ella escoge. Q por bailar en privado una canción que el cliente pida. Q por sexo oral. Q1, por sexo vaginal. Q2, por sexo anal. Y los Q por cubetazo de cervezas. A pesar de que el proxeneta le ofrece la mitad de todo lo que a él le pagan y que Mishelle trabaja 75 horas a la semana, horas al mes, gana unos Q7, Allí estoy ganando no tan bien, ni tan mal.

Aunque no es suficiente. Q de alquiler de cuarto no casa. Q1, por pagar a la niñera que le cuida a las niñas.

Q al mes de guardería de la niña grande. Aquí van casi Q2, Ahí ya van unos Q3, mensuales. Y todavía no se han contado lo que paga en extorsiones. A pesar de esto, Mishell no se imagina irse de la casa cerrada. Trabajar en la calle como otras sexoservidoras le da demasiado miedo. Por lo menos donde estoy hay alguien que nos cuida. Se refiere a Carlos y otros dos hombres de la casa cerrada, encargados de la seguridad de las trabajadoras.

Aunque recuerda al narco y a su amiga asesinada y admite que no se siente protegida. Hace ocho meses, un pandillero que se llama Marlon empezó a extorsionar a Mishell y a las otras chicas. Es un muchacho joven que entra cada noche como cliente, compra una cerveza y pide Q a cada una de las chicas. Los tres empleados de seguridad y los de la puerta saben a qué viene. Una vez se unieron para negociar con el extorsionista y pedirle que bajara la cuota a Q50 por día.

Hay unos que llegan a la casa cerrada , tal vez no es tan digno como ellos piensan. Aunque yo nunca lo haga. Yo venía para el trabajo y los policías me vinieron a preguntar si ya tenía el dinero. Me pidieron Q pero como iba a entrar no tenía. No había hecho nada todavía. Entonces fui a decir a mi jefe que me prestara porque tenía que pagar unas cosas.

Si Mishelle gana Q7, y gasta en vivir con sus hijas unos Q5,, el resto se le va en extorsiones para el pandillero y la policía. Por trabajar 75 horas a la semana, horas al mes, dando servicios sexuales en una casa cerrada, desde que tiene 15 años hasta ahora a sus 19, Mishell gana Q5, Si le pagaran Q5, en cualquier otro trabajo que requiera que trabaje 75 horas a la semana, ella se iría de la casa cerrada.

Mi garganta se hace un nudo. Denunciar la extorsión haría que cerraran la casa cerrada y que rescataran a Mishell y las otras chicas que son víctimas de explotación sexual. Y el Estado tampoco podría asegurar su vida. Ya es mayor de edad y no hay ninguna casa segura para mujeres adultas, todas son de fundaciones y organizaciones civiles. Y una de las entrevistas fue el 8 de marzo de , el día que trabajadores estatales encerraron a 56 niñas en una habitación y no les abrieron cuando empezó un incendio para que murieran Al final, todas las mujeres y adolescentes de la casa cerrada decidieron hablar con el proxeneta y les dijo que ya no van a dejar entrar al pandillero.

Era una noche cualquiera. La llamaron desde la barra con el nombre que usa en su trabajo. Un cliente quería tomar cubetazos de cervezas con ella. No se reconocieron hasta que Mishell ya estaba parada frente a él. Una manera de disasociarse es usar un nombre diferente. Así separa el ambiente de la casa cerrada y su vida privada.

Lo mismo ocurre con su aparencia. Me explica que cuando se arregla para empezar su turno siente que se transforma. Ya no soy yo, soy otra.

Al principio se sentía raro, pero ya no. Ahora hasta nos tomamos fotos. Es corto, pegado, de encaje negro. Dice que nunca usaría ni el vestido ni el maquillaje afuera de su trabajo. Pero tres días después el hombre regresó. Me bajé del escenario y le dije al dueño que no podía ir. Cuando le expliqué por qué, me dijo: Llamó a Andrea del camerino.

Andrea en este entonces tenía 16 años y se quedó con ellos varias horas. Le preguntaron mucho sobre Mishelle. No le hizo caso. Sus sonrisas son breves, incómodas. Tiene un leve olor a alcohol. Viene directo de su trabajo, donde toma con los clientes. Pero son las 6 de la tarde. Normalmente no saldría hasta la madrugada. Sus ojos claros, de color miel, logran ocultar lo que pasa por su cabeza. No quiere responder al principio qué le pasa o por qué la dejaron salir un lunes.

Trabaja en las camionetas, de ayudante. Josué empezó a trabajar con su hermano en las camionetas. Todo iba tranquilo, me estaba ayudando. Entonces yo tengo mis sospechas… Porque así de la nada, Josué desapareció. Habla de Josué en presente y pasado al mismo tiempo. Se escucha en su respiración.

Yo no sabía nada de lo que había pasado. Me quedé así, no lo puedo creer. No entiendo por qué. Le estaban extorsionando a la camioneta, pero a él no. Porque no hubieran llegado solo a darle a él, sino que también le hubieran dado al chofer. Y con la llamada de mi primo. Ahorita voy para su casa. Pero ahora me iré a su velorio a las 8.

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Pero trabajo para que esa rabia sea combustible para seguir peleando y pensando en la sociedad. No es que las dos cosas no puedan o no deban combinarse, y de hecho para dejarlo sentado en el texto aparece Bioy Casares, se nombra a Onetti, se nombra a Arlt.

A la hora del placer, quieren cosas raras con botellas, o sus brazos mismos. Pero por otro lado hay cosas insólitas como algo que vengo escuchando seguido, me dicen: La dominicana ríe a carcajadas y sus manos exploran por debajo de la mesa. Experta en conquistar e inventar historias, relata: Bah, con los argentinos.

Viven para trabajar y nosotras no existimos". Las dominicanas llegaron a Santiago en los primeros años del Hace un tiempo, conocí a un cuarentón, navegando con amigos, y creo que él se dio cuenta de que podía avanzar. A mí no me gustaba mucho pero me daban ganas de seguir recaudando. Bueno, fue medio flechazo, medio negoción. Así que nos empezamos a ver, aunque era un vejestorio total.

Pero me pagaba una bocha …. Un día me contó que se iba a Grecia con la mujer porque era un aniversario, y que un amigo de él quería conocerme. Y así fui armando un grupo lindo. De verdad que esa gente no es horrible, sólo tiene un buen dinero para divertirse.

Y agregó que si yo le quería poner un precio a lo que él me pedía, que se lo dijera. No sé de dónde lo saqué ni por qué, pero yo le mandé: Se sigue de la misma manera …. Por supuesto que no es con cualquiera …. Me fijo mucho en que no se droguen, que no se emborrachen, que sean cancheros, limpios, que tengan alguna conversación.

Los mejores son los hijos de los amigos de mi viejo. Tamara, 16 años, es de familia de clase media alta. Se quedó con un departamento que le dio un cliente con leucemia terminal.

Por ahora el titular es su padre. Le gusta la meditación zen. Aunque estoy forrada en guita, yo no quiero depender …. Todas quieren ser como Wanda Nara, que de la nada lo tiene todo. Sale en la tele, es rubia, consiguió un novio y se casó como Carolina de Mónaco. Ensayo de lectura sobre Walter Benjamin. También es autor de los libros de cuentos Muero contento y Una pena extraordinaria, y de las novelas La pérdida de Laura , El informe , Los cautivos , Dos veces junio , Segundos afuera , entre otras.

En noviembre de , recibió el Premio de Herralde de Novela. El artículo recorre diferentes figuraciones de las prostitutas en diversos textos de la literatura argentina para rastrear las claves económicas, políticas y retóricas que se imprimen en el uso y representación de sus cuerpos.

También indaga el modo en que la prostituta," síntoma de la condición moderna, urbana y capitalista", cruza sus expresiones con los modos de entender y recorrer las ciudades.

This article works on different profiles of prostitutes as described by different argentine narrators, to explore some economical, political and rhetorical clues that go on in the literay use and representations of their bodies. Las putas y las ciudades se dan sentido recíprocamente.

En la fórmula mujer de la calle existe una intuición bastante ajustada del modo en que una ciudad impone su significación a las putas, pero en la expresión hacer la calle se registra el recorrido inverso: Ese mutuo significarse, que es también un mutuo hacerse, no se le podía pasar por alto a Walter Benjamin, a la sensibilidad urbana de Walter Benjamin.

En "Despertar del sexo", por ejemplo, de Infancia en Berlín hacia , descubre la correspondencia que existe entre el hecho de aventurarse en las calles y el hallazgo promisorio de la aventura sexual.

Lo uno con lo otro: Perderse en la ciudad de Berlín, vale decir en la propia ciudad, en la ciudad familiar que se conoce bien, exige precisamente toda una voluntad de salirse de la esfera familiar. Las calles de la ciudad se vuelven cómplices certeras de esta combinación impar de profanación y deshora; son no solamente el escenario sino también el soporte de la emancipación y del despertar de un instinto. Al cabo, entregan su trofeo, y ese trofeo son precisamente las prostitutas.

El mismo dispositivo se activa en "Mendigos y prostitutas", también en Infancia en Berlín hacia La ciudad se vuelve laberinto, y como tal complica la orientación.

Y junto con eso, salirse de lo familiar en sentido estricto: Las putas, las mujeres de la calle, las mujeres que hacen la calle, procuran entonces, con sus vagabundeos, "una nueva interpretación de la imagen de la ciudad". Las putas practican una "mirada de seguridad"; porque tampoco ellas pueden abandonarse a la lejanía. Es la mirada de quien atiende a un peligro y a la vez busca una presa: Definen así toda una manera de ser y de estar en las ciudades: Porque las putas circulan no solamente en la ciudad sino también en el mercado.

Porque, en definitiva, el amor que se tiene por una prostituta es para él "la apoteosis de la identificación con la mercancía", con la particularidad de que una puta es, a un mismo tiempo, la mercancía y la vendedora. Y existen tantas formas de amar como formas de pagar. Parece preferible atender en cambio a la especificidad de una condición moderna, urbana y capitalista. Si una ciudad es, de por sí, la epifanía de la condición moderna y la expresión localizada de las leyes de mercado, las putas activan, con su ir y venir llegado el caso, o bien con su ostensible espera, tanto una cosa como la otra.

Son su manifestación visceral y en cierto modo su síntoma. Cambia eso y cambia todo: Se hace la ley, se hace la trampa. El 12 de agosto de se promulga en Buenos Aires la ordenanza municipal que dispone el cierre y la erradicación de los prostíbulos en un radio de veinte cuadras contando desde Playa de Mayo hay que sacar a las putas del centro, hay que volverlas marginales.

Otra ordenanza municipal, pero de , les permite concentrarse en el radio céntrico para facilitar de ese modo el control sanitario y policial hay que vigilar a las putas, hay que traerlas de nuevo al centro, hay que tenerlas a la vista. Una ordenanza municipal de castiga la incitación sexual desde balcones o ventanas y la exhibición en las calles a las putas hay que tenerlas a la vista, pero sin que ellas quieran hacerse ver por eso.

En entra en vigencia una disposición de , que prohíbe la prostitución no tiene que haber putas: Resulta preciso insistir con esta disposición en y en sigue habiendo putas igual. En se decide la clausura de prostíbulos en la Capital Federal; su efecto inmediato es la proliferación de prostíbulos en la provincia, con equívocas aproximaciones a los bordes ambiguos de la ciudad, y una virtual invasión de putas en las calles y las plazas y las estaciones de tren.

El 24 de junio de se expide una ley que ya no condena la prostitución, pero sí el rufianismo se puede vivir como puta, pero no se puede vivir de una puta. La notoria necesidad de insistir con estas disposiciones legales habla de su insuficiencia, cuando no de su fracaso. Si tan inseparables resultan el hacer la ley y el hacer la trampa es porque, en cierto sentido, la propia ley es la que hace trampa.

La persistente voluntad de inhibir la mostración y la visibilidad es en definitiva lo que promueve todo un arte del encubrimiento. Y con el encubrimiento, la vocación de controlar cae en sus raptos paranoicos: La aplicación efectiva de la ley, cuando no su solo enunciado, se trastornó con estos desvelos.

El reglamento de prohíbe que se atraiga a los paseantes desde las puertas de los prostíbulos. La ordenanza municipal de impide la instalación de esos establecimientos en calles cortadas, a la vez que postula el control de la incitación desde ventanas, puertas y balcones. El decreto municipal del 11 de febrero de se ve en le necesidad de insistir en la prohibición de exhibirse y de incitar desde las ventanas de las casas, y avanza en la determinación de que se instalen mamparas opacas que impidan la visión desde y hacia la calle.

Luego se prohíbe la existencia de faroles en los frentes de estas casas. Un fervor de minucia semiótica la desvela: Se enerva en una voluntad infinita de clasificación del espacio, agobiada por la significación de bisagras e intermedios. Enloquecen a las leyes con su don inigualable para nunca dejarse ver y para darse siempre a ver. La mirada compasiva revierte y cuestiona la mirada vigilante.

No ve delito sino victimidad, en la vida de las putas. La inspiración religiosa de su pietismo queda a la vista en el héroe de la novela, que se llama Monsalvat, y se entrevera convenientemente con los tópicos de la redención social. Quiere salvar a Nacha Regules de su vida lamentable, pero también en cierto punto quiere salvarla incluso de sí misma, de su resignada disposición a hundirse y a padecer.

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